Siempre pensé que este cuento, repetido mil veces, llevado al cine o a la Opera, era un cuento cruel que profundizaba en la postración que muchas niñas viven en el mundo oprimidas por sus familias. La esperanza ha de venir de los méritos propios, de la valentía y el esfuerzo, de la solidaridad entre los jóvenes y no del favor de ningún príncipe.
Contaba ya hace mucho Charles Perrault que había una joven muy bella cuya madre había fallecido cuando ella aún era pequeña. Su padre se esmeraba por darle todos los cuidados y educarla, pero era muy pobre y tenía que trabajar todo el día y apenas le quedaba tiempo para atenderla
.
Para empezar el cuadro social en que se desarrolla el famoso cuento de la Cenicienta no puede ser más sorprendente para un niño que escuche o lea tal cosa hoy. ¿Es la única razón que la madre muera para que una niña viva sola con su padre? ¿Cómo puede esmerarse en dar todos los cuidados si apenas puede estar con ella? ¿Es que acaso los padres(masculino plural), no necesitan estar con sus hijos para cuidarlos? Y ¿Cómo puede ser que un tipo que trabaja todo el día sea “muy pobre”? ¿Acaso el trabajo de “todo el día” es cosa de pobres?
Así que vamos a deconstruirlo:
“Había una joven muy bella que vivía con su padre. Aunque iba a un buen colegio, cuando salía, como él trabajaba todo el día, pasaba mucho tiempo sola…
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lunes, 17 de febrero de 2014
miércoles, 18 de diciembre de 2013
EDUCACIÓN
Lo que nos distingue del resto de los seres conocidos es nuestra capacidad de aprender. El profesor Gómez Pin de la Universidad de Barcelona ha descubierto que la capacidad de aprender a hablar ya tiene su reflejo fisiológico en el mapa del genoma humano. Llevamos pues, desde nuestra concepción, esa marca genética tan singularísima en cada una de las células de nuestro cuerpo. Para que luego digan que un feto no es humano, pero eso es otro debate. Lo más maravilloso de esta circunstancia es la constatación de que tantos miles de años de aprendizaje no se detienen y empiezan de cero cada vez que un niño nace. Teorías cada vez más documentadas afirman que parte de la experiencia de los padres pasa en esa información genética a los hijos en la siguiente generación.
martes, 17 de diciembre de 2013
OBRERO
No tardarán mucho en darnos la cifra: diez mil millones de habitantes. En el Mundo parece que no cabe nadie más. Nuestra población mundial ya no puede sobrevivir, de forma individual o en pequeños grupos familiares, de aquello que antaño le ofrecía casi gratis la Naturaleza. Y más ahora que sabemos que necesitamos compartirla con el resto de seres vivos que habitan nuestro único planeta. Para ello, los humanos nos hemos organizado en sociedades que generan y administran los bienes que nos permiten sobrevivir. Hemos pasado de ser hombres a ser ciudadanos, seres que viven lo más alejados posibles del mundo natural en donde fueron concebidos.
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viernes, 13 de diciembre de 2013
TRISTEZA
Siempre he luchado por la Democracia. Cuando era joven la dictadura en la que vivía ya estaba desgastada, evolucionada, o debilitada, no voy a enjuiciar ese momento ahora, para que tal pelea fuese demasiado peligrosa. Formaba, además, parte de una muchedumbre de jóvenes con los mismos sentimientos y tan numerosa que era fácil pasar desapercibido dentro de ella. No me destaqué, no sufrí represalias, no tengo, pues, méritos ni heridas por las que ser homenajeado, aplaudido o acreedor de ningún beneficio social. Tengo lo que fui capaz de conquistar, mi Democracia, y hasta hoy era feliz.
Fue determinante en mi elección y en mi lucha observar cómo otros países alcanzaban la Prosperidad, la Justicia, la Libertad de sus ciudadanos y la convivencia en Paz, con la Democracia.
viernes, 16 de agosto de 2013
La Pena de Muerte
¿Es la “pena de muerte” la mayor condena posible?
Creo, sin embargo, que tal cadena perpetua es más dura y punitiva que la pena de muerte, por la pérdida de esperanza de libertad que el reo percibe cada día. Entiéndase la cadena perpetua tal y como la he descrito antes, no esos eufemismos de “cadena perpetua” cuya perpetuidad dura 20 años más o menos. De los casos famosos de cadena perpetua se ajusta, en mi opinión, a este perfil de ser una pena mayor que la pena máxima, la de Rodolf Hess que terminó suicidándose cuando comprendió que nunca saldría de su cárcel, en una demostración de que la muerte era menor condena. Como criminal de guerra nazi, él, había merecido, pienso yo, la misma pena que los que fueron condenados y ajusticiados tras el juicio de Núremberg, pero sorprendentemente recibió el “benevolente beneficio” de la perpetua. Hay otros casos en que el condenado ha podido recuperar su libertad, bien porque ha conseguido que se revocase su sentencia; porque ha recibido algún otro tipo de indulto o perdón; o porque las condiciones de su encierro le permitían una existencia cómoda y comunicada con el exterior. Pero en estos casos la condena a cadena perpetua sólo se demostró menos punitiva en los defectos de su aplicación, en la falta de “cadena”, es decir, rigor de la prisión, o de “perpetuidad”, duración de la pena, no en su concepción.
No es así en el caso de presos políticos de dictaduras aún vigentes que terminan muriendo en prisión severamente apartados de todos; o de los condenados por narcotráfico en las cárceles del cono sur de Asia algunos de los cuales terminan suicidándose seguros de que no hay esperanza de cambiar su situación; o los de los millones que terminaron sus días en campos de trabajo a lo largo de la Historia.
Que la pena de muerte no es la mayor que puede imponerse a un reo, era cosa sabida en la antigüedad ya que se infligía al condenado tormento adicional que compensara sus delitos. El Zar Iván“El Terrible”, por ejemplo, ajusticiaba a quienes se atrevían a oponérsele, empalándolos en medio de la plaza y permitiendo que sus familiares los acompañaran en las largas horas de agonía que tal condena conllevaba. En otros lugares se descuartizaba al condenado y se exponían sus restos troceados en las distintas entradas de la ciudad. Más cerca en el tiempo, los soldados rusos prisioneros de la segunda guerra mundial fueron condenados al Gulag de por vida por rendirse en vez de morir combatiendo, sin que sus familiares tuvieran jamás la más mínima noticia de su destino. Para ellos la muerte hubiera sido mejor.
Pero lo más sofisticado en condenas que rebasaran la pena de muerte, vino con la aparición de las modernas religiones monoteístas: se le privaba al reo de la posibilidad de alcanzar la vida “eterna”. Monjes y sacerdotes amenazan con la excomunión y por ende con la condenación eterna, no ya perpetua, sino “eterna”, a quienes faltan a sus dogmas.
Entre otros ciudadanos del mundo citaré a los judíos de Israel, pueblo experto desgraciada e históricamente en sufrir y morir en el tormento, que soportan desde hace tiempo, tan dolorosa epidemia de atentados suicidas: en los cuatro años (2000-2004) que duró la primera intifada murieron 1017 ciudadanos como víctimas del suicidio asesino de 138 terroristas. Convencidos sus dirigentes de que no podrán persuadir a los suicidas de que no existe el paraíso que pretenden, han decidido castigarlos aquí en la tierra con algo que piensan trasciende la muerte que ya se proporcionan ellos mismos: derriban su casa y las de sus familias y lo vuelven a hacer si se enteran de que las han reconstruido una y otra vez. Así durante la intifada derribaron 612 casas. No pretendo justificar ni valorar tal comportamiento, ni de los suicidas ni de los israelíes, sólo lo enumero como ilustración de cómo algunos países pretenden “agrandar” hoy castigos que vayan más allá de la muerte.
Cuando alguien es condenado a la pena de muerte se dice que ha sido castigado con la “máxima pena” o “pena capital”, ¿realmente es así? Esta pena en la legislación de los países que aún la aplican aparece como el mayor castigo que puede recibir un individuo por sus actos. Tal condena, sin embargo, ha sido eliminada de los códigos penales de muchos estados democráticos con la convicción de que, aplicándose la Ley en nombre del pueblo, la ciudadanía muestra su humanidad y grandeza evitando exigir la muerte de un ser humano sean cuales sean sus delitos. En algunos de los países que aún la aplican, la conmutación, una medida de “gracia” en apariencia, acarrea al penado la cadena perpetua, es decir, debe permanecer en prisión hasta que muere o está próximo a morir.
Creo, sin embargo, que tal cadena perpetua es más dura y punitiva que la pena de muerte, por la pérdida de esperanza de libertad que el reo percibe cada día. Entiéndase la cadena perpetua tal y como la he descrito antes, no esos eufemismos de “cadena perpetua” cuya perpetuidad dura 20 años más o menos. De los casos famosos de cadena perpetua se ajusta, en mi opinión, a este perfil de ser una pena mayor que la pena máxima, la de Rodolf Hess que terminó suicidándose cuando comprendió que nunca saldría de su cárcel, en una demostración de que la muerte era menor condena. Como criminal de guerra nazi, él, había merecido, pienso yo, la misma pena que los que fueron condenados y ajusticiados tras el juicio de Núremberg, pero sorprendentemente recibió el “benevolente beneficio” de la perpetua. Hay otros casos en que el condenado ha podido recuperar su libertad, bien porque ha conseguido que se revocase su sentencia; porque ha recibido algún otro tipo de indulto o perdón; o porque las condiciones de su encierro le permitían una existencia cómoda y comunicada con el exterior. Pero en estos casos la condena a cadena perpetua sólo se demostró menos punitiva en los defectos de su aplicación, en la falta de “cadena”, es decir, rigor de la prisión, o de “perpetuidad”, duración de la pena, no en su concepción.
No es así en el caso de presos políticos de dictaduras aún vigentes que terminan muriendo en prisión severamente apartados de todos; o de los condenados por narcotráfico en las cárceles del cono sur de Asia algunos de los cuales terminan suicidándose seguros de que no hay esperanza de cambiar su situación; o los de los millones que terminaron sus días en campos de trabajo a lo largo de la Historia.
Que la pena de muerte no es la mayor que puede imponerse a un reo, era cosa sabida en la antigüedad ya que se infligía al condenado tormento adicional que compensara sus delitos. El Zar Iván“El Terrible”, por ejemplo, ajusticiaba a quienes se atrevían a oponérsele, empalándolos en medio de la plaza y permitiendo que sus familiares los acompañaran en las largas horas de agonía que tal condena conllevaba. En otros lugares se descuartizaba al condenado y se exponían sus restos troceados en las distintas entradas de la ciudad. Más cerca en el tiempo, los soldados rusos prisioneros de la segunda guerra mundial fueron condenados al Gulag de por vida por rendirse en vez de morir combatiendo, sin que sus familiares tuvieran jamás la más mínima noticia de su destino. Para ellos la muerte hubiera sido mejor.
Pero lo más sofisticado en condenas que rebasaran la pena de muerte, vino con la aparición de las modernas religiones monoteístas: se le privaba al reo de la posibilidad de alcanzar la vida “eterna”. Monjes y sacerdotes amenazan con la excomunión y por ende con la condenación eterna, no ya perpetua, sino “eterna”, a quienes faltan a sus dogmas.
Para el colmo del desprecio por la muerte, hay otros que se apresuran a prometer la vida, también eterna, a quienes perpetran algunas acciones que conllevan aparejada la muerte. Así el valor disuasorio que la legislación de la pena de muerte pretende, queda invalidado. También los cruzados recibían una bula papal que les garantizaba la “vida eterna” si morían o eran ajusticiados por el enemigo; del mismo modo los navegantes portugueses y españoles que en los últimos años del siglo XV se atrevieron a traspasar el fin del mundo navegando más allá de lo que había hecho nadie del que se tuviera noticia, recibieron la misma Bula-promesa de vida eterna si perecían en el intento; y por último, desgraciadamente aún hoy, hay quien entra en el paraíso si mata a los infieles, a los enemigos de Dios, muriendo en un atentado suicida.
Entre otros ciudadanos del mundo citaré a los judíos de Israel, pueblo experto desgraciada e históricamente en sufrir y morir en el tormento, que soportan desde hace tiempo, tan dolorosa epidemia de atentados suicidas: en los cuatro años (2000-2004) que duró la primera intifada murieron 1017 ciudadanos como víctimas del suicidio asesino de 138 terroristas. Convencidos sus dirigentes de que no podrán persuadir a los suicidas de que no existe el paraíso que pretenden, han decidido castigarlos aquí en la tierra con algo que piensan trasciende la muerte que ya se proporcionan ellos mismos: derriban su casa y las de sus familias y lo vuelven a hacer si se enteran de que las han reconstruido una y otra vez. Así durante la intifada derribaron 612 casas. No pretendo justificar ni valorar tal comportamiento, ni de los suicidas ni de los israelíes, sólo lo enumero como ilustración de cómo algunos países pretenden “agrandar” hoy castigos que vayan más allá de la muerte.
De todo ello extraigo dos conclusiones: una es que, para descrédito de quienes ven en la reinstauración de la pena de muerte la solución preventiva de delitos graves, esta “máxima condena”, “pena capital”, o como se la llame, ha perdido plenamente su valor coercitivo frente a una auténtica cadena perpetua; la otra, y digo esto aún con el riesgo de que se me llame frívolo en tema tan serio, es que, fijándonos en el descubrimiento de los gobernantes israelíes, la pérdida del hogar, la casa, el piso, el domicilio de la familia y todos los bienes materiales que ello conlleva en el desalmado mundo actual, se percibe como más doloroso y grave que la pérdida de la propia vida. Véase la tremenda cantidad de suicidios que tales situaciones provocan. Nuestros gobernantes, pues, deberían preocuparse por los ciudadanos amenazados de perder su casa y todo lo que poseen por avatares de la fortuna, tanto o más de lo que lo harían si estuvieran en peligro de muerte. Digo esto aunque sé que, en realidad, a nuestros gobernantes sólo les interesa quién vive o quién muere si eso afecta a sus posibilidades electorales.
Pero, volviendo al asunto que nos ocupa en estas líneas, convendrán conmigo que el nombre de pena máxima o pena capital que damos a la pena de muerte es cuanto menos equivocado ¿o no?.
jueves, 20 de junio de 2013
Luciano, tirador de primera
Durante los años que duró mi adolescencia asocié a la Guardia Civil con la dictadura, régimen político que se me antojaba opresor y perpetuo. Como aún no se había despertado en mí el espíritu libertario de lucha por la democracia, escuchaba con la boca abierta las historias que el abuelo de mi mejor amigo nos contaba las tardes que acudía a su casa para hacer los deberes.
El abuelo Luciano había sido guardia civil mucho antes de la República, de la Guerra y de la dictadura. Sus historias me resultaban emocionantes porque hablaban de tiempos pasados, de situaciones tan diferentes a las que vivíamos que parecían relatos de otros mundos contados por un protagonista.
Recuerdo hoy una:
martes, 26 de marzo de 2013
L I B E R T A D ( y II)
El 24 de Diciembre había nevado sobre París. Paul
había recibido una educación esmerada. Arquitecto, con una sensibilidad más
próxima al artista que al ingeniero, ese día, mientras tras puertas y ventanas
sus conciudadanos celebraban la Navidad, él estaba atormentado. Había llevado
hasta sus últimas consecuencias su compromiso con la Verdad. Miembro de un
grupo de intelectuales franceses que habían descubierto en la Libertad la
esencia y la condena del Hombre, se consideraba a sí mismo una mutación
equivocada de la Naturaleza. Ningún ser vivo era consciente de su propia
existencia, excepto el Hombre. Ningún ser vivo estaba sometido a la angustia
vital de la Libertad, de tener que decidir y saber que sus decisiones tendrían
consecuencias irreparables en su vida y en la del resto del Mundo. Ningún ser
vivo rompía la armonía natural como el hombre, destinado sin duda a corromper
con su libre albedrío el mundo natural. Ya muchos intelectuales como él habían
recurrido al suicidio como resultado y reparación de su descubrimiento. Y en
eso estaba él ese día, aislado, solo, y aterido de frío por fuera y por dentro.viernes, 22 de marzo de 2013
L I B E R T A D ( I )
“Al Excmo. Sr. D. Gaspar de Jovellanos:
Señor. La reputación de que gozáis en Europa, vuestras ideas liberales…debe haceros abandonar un partido que sólo combate por la Inquisición, por el interés de los Grandes de España,… (y aceptar) la Libertad constitucional, el libre ejercicio de la religión,…etc.”
Así se expresaba José I Bonaparte, Rey de España por la fuerza de las tropas de la Revolución Francesa, en carta dirigida a Jovellanos, ilustrado, liberal y reconocido intelectual que debería haber aceptado el evidente progreso social que suponían las ideas revolucionarias. Ideas que empezaron a transformar el Mundo desde aquel día de 1789, en que los franceses se alzaron contra el yugo de la monarquía absoluta. Sorprendentemente, Jovellanos y la mayoría de los españoles, lucharon por restaurar esa monarquía esclavizante al memorable grito de ¡!Vivan las cadenas!!, en la que, para mayor escarnio, hemos dado en llamar Guerra de la Independencia.
viernes, 2 de noviembre de 2012
YO ME ACUSO
Hace ciento catorce años un periodista publicó una carta dirigida al Presidente de la República. Conmovido por la noticia de una injusticia cometida por razones de estado contra un ciudadano inocente, decidió contar en un periódico toda la verdad: un alto tribunal, en defensa de lo que creía razón de Estado, condenó al Capitán Dreyfus en contra de la Ley, reduciéndole a la indefensión con un opresor abuso de poder. La carta era extensa, detallada, irrebatible en sus argumentos y no se dejaba nada en el tintero, contraviniendo las normas de austeridad y brevedad periodística. En sus últimas palabras la carta incluía nueve frases que encabezaba con:
J'accuse…
La republica era la III República Francesa. El periódico L’Aurore.
La fecha 13 de Enero de 1898.
El periodista Émil Zola.
J'accuse…
La republica era la III República Francesa. El periódico L’Aurore.
La fecha 13 de Enero de 1898.
El periodista Émil Zola.
sábado, 21 de julio de 2012
LAS MUÑECAS TAMBIÉN SON PARA LOS NIÑOS
(No todos los hechos que se narran son pura ficción)
Sucedió en Valencia. Pablo y Ana
son padres de tres niños. Sandra la mayor ya tiene 5 años. Es una niña alegre y
algo revoltosa. Este año ha empezado a acudir a clase. Todavía no estudia nada
importante, pero ya sabe comportarse cuando sus padres no están presentes.
Pablito con sus tres años y medio, que a esa edad los medios años cuentan, es
un niño despierto que siempre está pendiente de lo que hace su hermana. Un poco
celoso de los mimos, lo está pasando mal porque ahora, además, tiene la
competencia del pequeñín, en el cariño de sus padres.
Papá hoy ha terminado su trabajo
un poco antes. En realidad, después de una tediosa comida de trabajo ha
decidido no volver al despacho. De algo ha de valer ser el arquitecto estrella
de su empresa. Hoy tiene necesidad de estar junto a su creciente y feliz
familia. Mientras Ana arregla al bebé en su cochecito, Pablo viste a su hijo y
le va haciendo comprender que pronto él también tendrá que acudir y quedarse
solo en el cole, como Sandra, a la que ahora van a ir a recoger.
A la salida del colegio, Sandra
está encantada. Hoy han venido todos a buscarla. La profesora se acerca a ellos
y les cuenta lo bien que se ha portado en clase, y eso aún la hace más feliz.
Pablito asiste al ritual un poco serio.
De vuelta a casa pasan, como cada día, por la puerta de la
tienda de las gominolas y los juguetes.
Hoy Sandra encuentra más motivos para pedir a sus padres que le compren
esa muñeca con trencitas que tanto
le gusta. Ellos se miran y deciden que se lo ha merecido. La niña es feliz. Mientras sus padres pagan, Pablito se apropia de otra muñeca exactamente igual que la de su hermana. "No Pablito, las muñecas no son para ti. Si quieres te compro gominolas", le dice conciliador su padre. Pero Pablito no quiere. No quiere y no suelta la muñeca. Se la arrancan de las manos.
Ahora el bebé está en
brazos de su madre que trata de calmar su desconsolado llanto. El padre empuja
el cochecito y de la mano Pablito. Sandra, feliz, va dando esos saltitos que dan los niños junto a su padres.
El semáforo se pone verde y ellos empiezan a cruzar. La
calle es muy ancha, con varios carriles en cada sentido. Sandra se adelanta con
sus saltitos. Casi ha llegado a mitad de la calle. En la otra dirección, el
coche circula a gran velocidad. Los padres, más que verlo, lo oyen, lo intuyen,
lo sienten. ¡Sandra! ¡Sandra!, ¡para!. Pero Sandra no los oye y sigue cruzando la
calle jugando con su muñeca. Cuando llega a la mediana, su padre que ya ha
dejado el cochecito, corre tras ella sin esperanza, pero entonces la muñeca se
le cae, y ella se detiene a recogerla... el coche cruza a gran velocidad sin
atender al semáforo. Cuando Sandra se incorpora de recoger su muñeca, su padre
está a su lado lívido.
Desandan el camino, y de nuevo en
la tienda de juguetes, ante el estupor del dependiente, le compran su muñeca a
Pablito.
domingo, 12 de febrero de 2012
EL VIUDO SENSIBLE Y OTROS SECRETOS

Maite Pagazaurtundúa, presidenta de la asociación de víctimas del terrorismo de ETA, es alguien de la que encontrarán numerosa documentación con facilidad, pero no es en ella en quien fijo mi atención, sino en su libro: El Viudo Sensible y otros Secretos.
Me llama hoy la atención que de este libro, del que se hizo la última edición en Mayo de 2011, quedan tan pocos ejemplares que las casas de libros ofrecen a la venta algunos de 2ª mano.
Esto es lo que escribí cuando se presentó la primera edición, allá por Abril del 2005, para el periódico Las Provincias.
" Dicen que el sonido de una campana no se apaga nunca. Que sus vibraciones quedan en el aire robotando de aquí para allá por siempre. A mí me gustaría que fuese cierto, que hubiera sones que no se apagaran, como la voz de Maite.
Cuando te toca con este libro, el corazón se te queda vibrando y parece que ya no va a detenerse. Este libro te hace sentir orgulloso. Orgulloso de haberlo leído, de tenerlo en las manos, de haber pagado por él, de compartir ciudadanía con Maite Pagazaurtundúa.
Sí. Esa Maite, la que es víctima de ETA, la que se atreve a hablar, la que sabe hablar, la que se hace querer por todos los que la escuchan y conocen.
Y crean, que empecé a leer un poco reticente, en guardia, por si era un panfleto, pero a la segunda frase ya estaba desarmado, rendido y preso de su primer relato. Emocionante.
Otros son divertidos. Con todos ellos se va esbozando un retrato de lo que es ser vasco hoy. Donde el hoy tiene, por desgracia, demasiada importancia.
A menudo pienso que lo que me resulta más entrañable de los vascos, y de Maite con ellos, es ese habla suya, no me refiero al eusquera que por desgracia desconozco, sino a ese hipérbaton que le ponen al castellano. Parece imposible que hablando así se pueda mentir. Bueno, el Lendakari no sé. El habla vasca es sincera, suena siempre a auténtico. Si la verdad no se puede decir, se calla. Y callados hay algunos, demasiados. Maite no se calla, habla por los que no pueden.
Este libro merece ser leído. Lo merece porque es realmente bueno, y porque los que lo hemos leído necesitamos que los demás lo lean.
martes, 7 de febrero de 2012
ENTREVISTA A ROSA MONTERO "EL REY TRANSPARENTE"

Acaba de editarse en formato digital el libro EL REY TRANSPARENTE de Rosa Montero que puede encontrarse en la web : amazon.es
Rosa Montero
La entrevista que reproduzco se la hice a Rosa Montero para el periódico Las Provincias en Valencia, con motivo de la presentación de su libro EL REY TRANSPARENTE en Septiembre de 2005. Este es el texto y esta es una impresión de la foto que publicamos entonces:
"Con encanto, Rosa Montero es una mujer sin edad que se siente segura de poder cautivarte. Su sinceridad y aplomo delatan la fortaleza de alguien llano de ideales.
Pregunta: ¿Por qué esta novela?
Rosa Montero: Siempre digo que yo no escojo mis obras, son ellas las que me eligen a mí para ser contadas. Hace diez años sentí una gran pasión por la literatura medieval, Chretien de Troyes, María de Francia,..., de ahí surgió la novela.
P: ¿Qué tiene de interés ese momento?
R M: Fue un momento especial de progreso de la Humanidad. El germen de lo que después llamaremos Renacimiento. Y como en todos los momentos de progreso y libertad el papel de la mujer avanza. Progreso que fue abortado por el totalitarismo del rey de Francia y la influencia de la Iglesia en una de sus épocas más nefastas.
P: ¿Leola, la protagonista, es un contrapunto a Juana de Arco?
R M: Juana de Arco es un personaje lastimoso, fanatizado. Leola sólo busca su lugar en la vida en una situación de violencia extrema y vasallaje, en que ella, como otras mujeres de la época, se ve impulsada a vestir armaduras de caballero.
P: ¿Eres consciente de que la mayoría de los protagonistas de tus obras son mujeres?
R M: (Por un segundo endurece un poco el gesto) Los escritores, en general, suelen utilizar el mismo genero que el suyo. Lo que me fastidia es que cuando un hombre escribe de un hombre habla del género humano, y cuando las mujeres escribimos de una mujer, hablamos de mujeres. Pues bien, cuando yo escribo sea de hombre o mujer, también hablo del género humano, no sólo de mujeres.
P: Entonces, ¿no eres feminista?
R M: Soy anti-sexista. Que considero algo tan importante como ser anti-racista, por ejemplo.
P: ¿Hasta donde debe renunciar una mujer para convivir con un hombre?
R M: No me lo planteo así. Lo importante es encontrar tu lugar en la vida, sea quien sea con quien convivas. Yo hace mucho tiempo que vivo con un hombre y la dificultad viene de la rutina. En la convivencia la rutina termina devorando la pasión.
P: Otros autores publican novelas históricas ¿No temes que te encasillen?
R M: No. Tengo la certeza, hay algo de soberbia en ello, de que mis lectores saben que soy lo suficientemente original.
P: ¿Por qué este título?
R M: La historia del rey transparente es una fábula que se encuentra presente a lo largo de toda la obra. Nunca parece que pueda ser contada y al final desemboca en un acertijo medieval que no desvelo, así como otros enigmas, pues prefiero que sea el lector quien los resuelva.
Rosa parece inaccesible al cansancio, en el fondo de sus pupilas brilla la alegría de quien ha alcanzado su lugar en la vida, ese por el que lucha tan épicamente la protagonista de su novela."
La acción de la novela esta datada en el convulso y germinal siglo XII. Que una mujer se viera impulsada a vestir ropas de hombre, no era extraordinario en una época en que se veía forzada a asumir papeles casi esclavizantes. Dicen que en Aragón, Alfonso I el Batallador, fue derrotado en una justa por un caballero, un Barón, que resultó ser una mujer, a la que, por tal victoria, perdonó su atrevimiento y que desde entonces, llamarían La Barona.
Este es el papel al que se ve abocada la protagonista de esta obra en un tenso momento, en que su vida y su sangre parecen destinadas a unirse a la de los caballeros muertos en el campo de batalla. A nadie sorprende, en ese instante de violencia y muerte, que alguien despoje de su armadura al caído, pues era botín ganado por el vencedor.
La obra cobra tintes de verdadera epopeya, pues a la aventurada peripecia de la protagonista, se une el hecho de que el descubrimiento de su secreto acabaría con ella en la hoguera.
Una obra ágil y seductora que te arrastra por la senda de la intriga y la aventura de la primera página a la última.
lunes, 23 de enero de 2012
UNA NOVELA SOBRE LA RED
Comentario publicado en el periódico LAS PROVINCIAS
Los
dos autores de este libro incluyen en él una constante referencia al tiempo que
va transcurriendo desde que se inicia la acción. Es como esas series
televisivas que en la parte superior de la pantalla tienen un reloj para aumentar
la tensión y el estrés del espectador. Después, nos hacen reflexionar sobre la
trascendencia de Internet, esa red informática que anilla en la actualidad el
mundo, y en la que poco a poco, los ciudadanos, las industrias mundiales, y
hasta los gobernantes, van confiando sus secretos, su fortuna, y hasta su
seguridad. Lo que termina asustando al lector de este libro, por último, es que
el verdadero miedo que deberíamos sentir no es al acto terrorista que ponga una
bomba en Nueva York o en Madrid, sino que la verdadera catástrofe surgiría si
estallase en la Red.
Desde
que un visionario Kubrik en 1968 (2001 A Space Odyssey) imaginara la
trascendencia de los ordenadores en el progreso de la
Humanidad ,
han pasado apenas 40 años. En ese tiempo, el desastre que sucedió a bordo del
Discovery por el mal funcionamiento de HAL, el ordenador de abordo, podría
suceder en el mundo si la Red , el actual ordenador de abordo de la Humanidad , dejara de funcionar. Y si eso les
parece exagerado, piensen si podrían sacar el dinero si los ordenadores de su banco
no funcionaran. El peligro y la preocupación que atenaza al mundo hoy ante la crisis financiera, no sería nada si de
pronto TODOS los bancos dejaran de funcionar y, con ellos, los teléfonos, las
televisiones, los transportes, las compañías eléctricas, etc....
A
ese apocalíptico destino han de enfrentarse los protagonistas de esta
emocionante novela, y lo hacen desvelando la verosimilitud de la amenaza.
Desgraciadamente los espantosos acontecimientos que han sacudido nuestra
civilización en los últimos siete u ocho años, parece que han sido causa o
consecuencia del mal funcionamiento de las agencias de seguridad
internacionales que deberían protegernos. El terrorista más famoso del mundo
fue entrenado para ese cometido por “los buenos”. El horroroso atentado de
Nueva York debió evitarse de acuerdo con el organigrama de las múltiples
agencias de seguridad americanas. Una de ellas, se equivocó, digámoslo
indulgentemente, al asegurar lo de las armas de destrucción masiva, etc... Este
dato, pues, no pasa desapercibido a los autores, que nos platean un escenario
donde la tecnología, la profesionalidad, el heroísmo y la diligencia se enfrentan
al fanatismo, al desastre y, en definitiva, al crimen desde el mismo lado de la
frontera.
Cada
año, el mundo tiene más millones y
millones de habitantes. Cada año es más
difícil administrar los recursos necesarios para todos. Cada año, los ordenadores
dependen más de la Red y sería más difícil sobrevivir sin ellos. Y cada
año, por último, son más los que planean cómo cortar esa Red en la que estamos
suspendidos sobre el abismo. Esta novela tal vez les convenza de que ya es casi
imposible que exista un refugio natural no dependiente de la informática al que
acudir en caso de desastre.
Hoy, ya casi es posible destruir el mundo apretando un solo botón, y al final el que apretará o no ese botón de destrucción, será un hombre solo, movido por algo tan antiguo y humano como el odio o el amor.
Hoy, ya casi es posible destruir el mundo apretando un solo botón, y al final el que apretará o no ese botón de destrucción, será un hombre solo, movido por algo tan antiguo y humano como el odio o el amor.
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