jueves, 6 de junio de 2013

El desprecio y la soberbia

Esopo era un autor romano de cuentecitos breves que trataban de demostrar una moraleja. Sus ideas hoy nos resultan en muchos casos hirientes y difíciles de aceptar en una sociedad moderna y democrática, pero esconden realidades no por viejas menos a tener en cuenta.

Hoy recuerdo la fábula del cuervo soberbio y los pavos reales.
Decía Esopo, que un cuervo volaba en su b...andada cuando observó la magnificencia y belleza de los pavos reales, allá en el suelo. Admirado y soberbio decidió abandonar su poco colorida compañía y marchar a vivir entre los pavos reales. Aprovechó que en el suelo había caídas algunas esplendorosas plumas de pavo real y se las entrelazó como pudo entre las suyas. Ataviado de tal forma corrió a mezclarse con tan deslumbrante nueva sociedad.

Al principio nadie dijo nada, hasta que un pavo de gran porte e iridiscente cola de colores, le espectó: ¿Qué haces aquí cuervo?. Yo ya no soy un cuervo, dijo el aludido, ahora soy uno de vosotros. El pavo real le arrancó con su pico la plumas con que se adornaba y con aceradas garras le propino tales heridas que hubiera fenecido de no ser porque aún conservaba su capacidad de volar, algo que los pavos reales no pueden hacer.
Volvió maltrecho y herido a su bandada que le rechazó de inmediato. "anda y vuelve con tus pavos reales, ya que nosotros te parecemos feos y despreciables." 


 Omitiré la moraleja de Esopo que resulta evidente para

adentrarme en una realidad actual e igualmente terrible:
Don Iñaki Urdangarín era un respetado jugador de balonmano, con una novia que le adoraba y una familia que estaba admirada con sus logros. Pero quiso ser Príncipe. No me cuenten que fue el amor, ni la Libertad. Fue la soberbia. Y disfrazado de tal deambuló un tiempo por la vida. Pero él no era un noble podrido de millones y de herencias varias. Y cuando quiso alternar en su nueva alta sociedad las plumas postizas que llevaba no le eran suficientes. Pudo permanecer en al anonimato de un segundo plano y vivir con lo puesto, Pero no había dejado tanto por tan poco. Y empezó a pavonearse como si un noble de cuna fuese. Cuando compró "su palacio" pidió prestado y entonces un noble de verdad, el verdadero príncipe, le dijo, pero donde vas desgraciado? aquí cada uno se paga su casa. Y le arrancaron las plumas postizas, y lo vapulearon como si nadie hubiera tenido nada que ver con su cambio de naturaleza, y si sobrevive, expulsado de la realeza, no tendrá a donde ir, porque todos los que le conocieron hoy se avergüenzan de él, de su soberbia y de su falta de prudencia.

 Ahora si os diré la moraleja de Esopo, quien desprecia a los suyos para aparentar lo que no es, termina solo y despreciado por todos.

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