jueves, 20 de junio de 2013

Luciano, tirador de primera


Durante los años que duró mi adolescencia asocié a la Guardia Civil con la dictadura, régimen político que se me antojaba opresor y perpetuo. Como aún no se había despertado en mí el espíritu libertario de lucha por la democracia, escuchaba con la boca abierta las historias que el abuelo de mi mejor amigo nos contaba las tardes que acudía a su casa para hacer los deberes.

El abuelo Luciano había sido guardia  civil mucho antes de la República, de la Guerra y de la dictadura. Sus historias me resultaban emocionantes porque hablaban de tiempos pasados, de situaciones tan diferentes a las que vivíamos que parecían relatos de otros mundos contados por un protagonista.

Recuerdo hoy una:

viernes, 14 de junio de 2013

De cómo se originó el minfundio valenciano

En esta ocasión me permito la licencia de arreglar a mi antojo un interesante cuento que está incluido en el más famoso libro de cuentos de todos los tiempos “Las mil y una noches”. Mi atrevida licencia literaria le da un sentido que nunca tuvo el original.

Espero, como siempre, que os guste

 

"De cómo se originó el minifundio valenciano".

Cuentan que cuando Xativa era un reino moro el Sultán que allí vivía tenía tres hijos a los que amaba por igual. Entrado ya en años, sus visires le urgían para que eligiera entre sus tres hijos cuál había de ser el heredero del reino y de todos sus tesoros. No era costumbre, como en los reinos cristianos, que fuese el mayor el heredero, sino que esa decisión se dejaba a la voluntad del Sultán. Entristecía a éste tener que elegir entre sus hijos y reunió a sus consejeros para que lo ayudaran. No pudieron estos decidir cuál de ellos sería el mejor Sultán pues los tres reunían incontables méritos y cordura. Así que para evitar que se despertaran disputas entre los partidarios de uno u otro, idearon el método de apartarlos lo más lejos posible para así poder influir en el anciano Sultán a su voluntad y, tal vez, heredarle si ninguno de ellos volvía. Aconsejaron, pues, a su padre que los enviara a recorrer el mundo y el que volviese con la posesión más preciada, ése sería el heredero. Muy a su pesar permitió el Sultán que sus hijos partiesen.
 

Y A S M I N A


Yasmina acababa de cumplir 14 años. Estaba en su último año de Liceo, en realidad hoy era su último día de clase. Este verano tendría que decidir, cómo y dónde continuar su formación preuniversitaria. Su familia vivía desahogadamente de una industria dedicada a cocer piezas de cerámica, aunque en los últimos tiempos, ella había percibido inquietudes y conversaciones abruptamente interrumpidas por su presencia, que apuntaban dificultades en el negocio familiar. Nada pareció cambiar, sin embargo, en su modo de vida. Su padre seguía el negocio de su padre, que lo heredó del suyo y así varias generaciones de lo que en realidad era más que una profesión  un modo de vivir. Cuando sus padres se conocieron ella, su madre, era una brillante técnico industrial con los estudios recién acabados en un país que aún era una colonia francesa. Ella  ayudó a modernizar el trabajo, que pasó de ser un taller de alfarero a la moderna industria de cerámica que era ahora. Sus padres siempre se habían tratado con un cariño y respeto mutuo un poco en desuso en esta nueva sociedad nacida de la independencia, cada vez más influenciada por la religión. Fue su madre la que decidió que Yasmina fuera al Liceo y no a una escuela de inspiración religiosa.

jueves, 6 de junio de 2013

El desprecio y la soberbia

Esopo era un autor romano de cuentecitos breves que trataban de demostrar una moraleja. Sus ideas hoy nos resultan en muchos casos hirientes y difíciles de aceptar en una sociedad moderna y democrática, pero esconden realidades no por viejas menos a tener en cuenta.

Hoy recuerdo la fábula del cuervo soberbio y los pavos reales.
Decía Esopo, que un cuervo volaba en su b...andada cuando observó la magnificencia y belleza de los pavos reales, allá en el suelo. Admirado y soberbio decidió abandonar su poco colorida compañía y marchar a vivir entre los pavos reales. Aprovechó que en el suelo había caídas algunas esplendorosas plumas de pavo real y se las entrelazó como pudo entre las suyas. Ataviado de tal forma corrió a mezclarse con tan deslumbrante nueva sociedad.

El político y el ciudadano

Un ciudadano bien intencionado fue invitado a cazar un día por un avispado político. El político, de cuyo partido no quiero acordarme, se preciaba de ser un buen cazador, en realidad se preciaba de ser un "buen" todo. A poco de empezar la jornada abatió el ciudadano de certero disparo a una rolliza perdiz. Como era hombre de compasivo corazón quedó muy apenado por el triste ...destino de su pieza y ya no volvió a disparar otra vez.

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